Logo

Logo

miércoles, 21 de febrero de 2018

El Temazcal para principiantes



Temazcal en expresiones populares, “temazcalli” para honrar el idioma de los ancestros, con este nombre (tomado de las voces indígenas nahuátl “calli”: casa, y “temaz”, vapor, es decir, “casa de vapor”) se designa en Norte y Centroamérica a un espacio sagrado para los antiguos pueblos precolombinos que los historiadores rastrean con diversos nombres refiiriéndose a una costumbre extendida desde lo que hoy es Alaska hasta Tierra del Fuego.




Se trata de la costumbre individual, familiar o comunitaria de tomar baños de vapor en cubículos generalmente hemisféricos, con un sector delimitado por rocas volcánicas a gran temperatura —alimentada exteriormente por un horno de leña— donde periódicamente se vierte agua y previamente se han sumergido plantas medicinales. Si bien a partir de la persecución de los conquistadores en la mayor parte de América este hábito desapareció, en México en particular y América Central en general ha persistido hasta el presente, siendo sumamente apreciado por sus efectos relajantes, tonificantes o terapéuticos por miembros de todas las clases sociales.

DESCRIPCIÓN FÍSICA Básicamente el temazcalli es una hemisfera de ladrillo o tierra, cañas y mantas, etc., sobre piso de tierra o de material —que para el uso se cubre con esterillas— de baja altura (1,20 a 1,60 metros) y de un diámetro proporcional a la cantidad de ocupantes simultáneos. Puede calentarse desde fuera, con un horno lateral, o introduciendo rocas en su interior.





La actividad consiste en permanecer en reposo en su interior, en períodos de tiempo que oscilan entre los 50 y los 120 minutos, mientras periódicamente se vuelve a rociar aquella pared refractaria o las piedras con agua donde previamente se han sumergido por un tiempo hierbas medicinales (combinadas de acuerdo a las necesidades específicas de los ocupantes). Al retirarse del mismo, es costumbre permanecer unos minutos en reposo en una sala contigua, actualmente ambientada con música y aromas relajantes, o se complementa con actividad masofiláctica (masajes).

Si bien en este campo (como en todos los demás de la humana experiencia) se cumple aquella máxima de “cada maestrito con su librito”, habida cuenta que se practican distintos tipos y criterios en estas ceremonias (diferencias que pasan desde la denominación, el contenido ceremonial, la duraciòn, temperaturas, etc.) para uniformar nuestro conocimiento nos enfocamos en seguir aquí la tradición tolteca, directamente emanada de la experiencia lakota original, creadores, a fin de cuentas, del temascal, hace unos cuatro mil años. Los Lakota (no confundir con “Dakota”) fueron una etnia originaria que habitó en lo que actualmente es el sur de los Estrados Unidos. Su temascal se caracterizaba por ser una tienda de cueros, pero el principio ritual ceremonial y técnico (ingreso de piedras calentadas al rojo en el fuego sobre las cuales se arrojaba agua) los señala como creadores del método que los Toltecas en particular y los Mexikas en general perfeccionaron y difundieron en los milenios posteriores.

La razón por la que en “Casa del Cóndor” seguimos el lineamiento mexhica – tolteca con especial hincapié en las enseñanzas de Tlakaélel, se fundamenta en su ancestralidad y pureza. Los siglos transcurridos han aportado algunas modificaciones (el uso del idioma local, el objeto de las meditaciones guiadas) pero la esencia se ha mantenido prístina y eso es lo que tratamos de conservar. Existen otros tipos de temascal (el maya, caracterizado por una mayor “suavidad”, el otomí, más “social”) siendo el tolteca – mexika de clara orientación autoexigente. Será el futuro guía quien, a partir de esta formación, le dará a su práctica su matiz personal.

Antes de adentrarnos en la descripción de los distintos tipos de temascal, dejemos claro lo que a los principiantes suele preocuparles mucho: la temperatura. Sin duda ustedes la harán estimativamente y a “ojo de buen cubero”, pero estas cifras que señalamos aquí las hemos obtenido durante nuestras propias prácticas con termómetros digitales. Ya describiremos los valores para cada tipo; no obstante, son fundamentales varias salvedades. Al conocerlas, la mayoría de los participantes piensan algo como “yo no seré capaz de soportar eso”. Y ciertamente, a veces no setolera. Pero no se trata que no resista el cuerpo: lo que no resiste es la mente.

Cuento mi propia experiencia. La primera vez que hice un temascal (en México), soporté…. Cinco minutos. Pasado ese lapso, salí rápidamente pensando algo como (disculpen mis amigos mexicanos) “estos tipos están todos locos”. El temazcalero que me estaba introduciendo en la técnica me preguntó que me había sucedido. Y mi obvia respuesta fue: “No se aguanta el calor, ni la falta de aire”. Con una sonrisa, me señaló que cualquiera de ellos toleraba, sin problemas, esa temperatura. Mi respuesta, obvia “pero ustedes están acostumbrados” recibiò una réplica también obvia: “nuestra resistencia dérmica es la misma. ¿Por qué no te preguntas si lo que no resiste es tu mente?. Vuelve y, cuando quieras correr, enfócate en qué ocupa tu mente”.

No perdía nada con hacerlo, y lo hice. Pasados unos minutos, otra vez la imperiosa necesidad de salir corriendo. Pero seguì el consejo, y me di cuenta que hacía unos minutos, o segundos (quién puede saberlo) que estaba pensando en algo personal: en mis hijos, allá en Argentina, y la carga culposa que me generaba hacer ese viaje y no verlos por más de un mes. Eso me producía cierta angustia y la necesidad de “correr” hacia ellos. Es decir, irme de donde estaba. Ahí advertí que la situación era como una representación sensorial de lo que me dolía emocionalmente, y me hundí en estas reflexiones hasta agotarlas y, tranquilo, volví a salir. Habían pasado cincuenta minutos. Y estaba muy cómodo.

Fue el comienzo de un aprendizaje para nada pasivo, cargado de mi propia experimentación, amplificación y cuestionamiento, un aprendizaje que, fiel a mi estilo, debí complementar con buceos historiográficos, recorridas arqueológicas, entrevistas, seguimiento clínico de asistentes a temascales, etc. De allí algunas conclusiones que nutren este manual y que también presento al final del mismo como sucintas investigaciones de todos modos ya publicadas en otros medios. Una indagación que me permitiò responder una pregunta fundamental, que me hicieron allá en México a poco de comenzar mi aprendizaje (para quienes quieran saber dónde comenzó tal aprendizaje, les comento que fue en el kalpulli “Koakalko”, bajo la directiva de “Tlakaélel” (Francisco Jiménez) el Abuelo que me formó no sólo en Temazcal sino en la Toltecayotl (Toltequidad), distinguiéndome en su oportunidad como representante en Argentina de su kalpulli, y Marco Hernández, Tekutli de kalpulli. Hubo también otros hermanos de camino en cuyos temascales fui nutriéndome de conocimientos y en algunos casos, aprendiendo lo que NO se debe hacer).

Efectivamente, el Temazcal no debe “soportarse”. Quien se diga a sí mismo algo como “tengo que resistir, tengo que aguantar…” está inevitablemente condenado al fracaso. En ese temascal (o en el siguiente, qué más da) saldrá corriendo. Al Temazcal hay que entregarse, dejarse llevar por él. La energía del Temazacal es “inteligente” porque es la manifestación de Tonantzintlalli, nuestra Pachamama, la Madre Tierra, y si bien es cierto (para nosotros) que nunca estaremos más seguros que en el regazo de mamá, y que el Temazcal sabrá exactamente qué debe dar a cada uno de nosotros, en términos de una lectura quizás más positivista se comprenderá que el “no resistir” un Temazcal tiene siempre que ver con lo psíquico antes que con lo físico.

¿Y porqué?. Porque el Temazcal pone en evidencia, haciéndonos enfrentar, a nuestros propios miedos. Saca a la penumbra del “inipi” (el lugar de práctica) nuestra Sombra, la bomba de tiempo psíquica que duerme agazapada en nuestro interior. Así, el “calor insoportable”, la “falta de aire” no son reales en términos físicos (piénsese simplemente que si realmente faltara el aire, le faltaría a todos los presentes, no a uno en particular…) sino la somatizaciòn de angustias y traumas, de ansiedades y resistencias, de mecanismos de autosabotaje de nuestra propia Sombra, que lo hace para que, precisamente, “salgamos corriendo” y evitemos enfrentar y superar aquellas resistencias que le dan a la misma su razón de ser y existir.

Consecuente con esto, hay algo que resulta difícil de aceptar por los principiantes aunque, finalmente, terminan rindiéndose a la evidencia: el Temazcal es inteligente, y sabe lo que cada uno/a necesita. Quizás seríamos más precisos si dijéramos que, siendo el ámbito de manifestación de Tonantzintlalli (o Pachamama, la Madre Tierra) la energía que allí se manifiesta es inteligente: a nadie dará más de lo que pueda soportar. Es entonces la Voluntad y la Decisiòn de cada uno, de cada una (de lo que habrá que hacerse cargo) lo que determinará si se llega hasta el final o no. Si se sufre o se disfruta.
Precisamente, aquí radica una de las claves de este Proceso (lo ponemos con mayúscula, pues tiene mucho de alquímico, como se verá): si el practicante trata de “soportar”, de “aguantar”, tarde o temprano claudicará: el Temazcal le enseñará por la vía más directa, la experiencia propia, que hasta el hierro más resistente tiene un punto de rotura. Al Temazcal hay que entregarse; coloquialmente, suelo explicar que la mejor manera de llevarlo es dejarse llevar y que “sea lo que tenga que ser”: es allí cuando en un punto algo nos hace “click” y uno se descubre perfectamente adaptado a la experiencia. Resumiendo: si oponen resistencia, se sufre. Si se entregan, se disfruta.
También será inevitable comprobar que mientras algunas personas generarán una especie de sana “adicciòn” a los temascales, otras no desearán repetir jamás la experiencia. Esto es así y no sirve atemperar las condiciones para hacerlo más agradable, porque se desnaturalizaría su razón de ser. Simplemente, se trata que la experiencia “resuena” con algunos y con otros, no. Y como dijimos, de nada sirve morigerar las condiciones porque aquello que esperamos del Temazcal (desde la respuesta física hasta muy especialmente el trabajo psicológico y la vivencia espiritual) requiere de esas condiciones y no de otras. Para ser aún más crudo con la explicación: si se hace un temascal “suave” (nosotros lo llamaríamos “frío”) es simplemente un Spa. Tocar algunos instrumentos autóctonos, recitar las meditaciones y las oraciones, nada hacen si no se acompaña del marco de exigencia de la experiencia. El Temazcal no es una “caricia al alma”, un espacio para que nos “mimen” y autogratificarse. Para ello, un poco de música celta, un cuenco, un sahumerio. El Temazcal es una experiencia iniciática. Y la Iniciaciòn no puede, no debe, ser fácil ni cómoda porque si lo fuera, cualquiera se iniciaría y por definición de Perogrullo la Iniciaciòn perdería así su razón de ser.
En consecuencia, ¿se debe obligar al participante a permanecer aún a disgusto dentro del inipi durante la experiencia?. En el Temazcal Terapéutico, en teoría se puede salir y volver a ingresar las veces que se desee. En la práctica, como un ir y venir de gente –hipotéticamente- desconcentraría y molestaría a quienes sostienen prolijamente su meditaciòn, se permite salir y volver a entrar una sola vez. Si se sale de nuevo, ya no se permite regresar. Pero además, en el Temazcal Terapéutico hacemos dos “puertas”. Llámase “puerta” a cada entrada de tanda de piedras o “abuelitas” (cuyo número describiremos luego). Y en el paréntesis, optativamente se sale a descansar fuera (o no). En el Temazcal Guerrero, como en el Místico, se puede salir, pero no ya volver a entrar. Y el paréntesis entre “puertas” (cuatro en el Guerrero, ocho en el Místico) se descansa solamente en el interior (en el Guerrero a puerta abierta, en el Místico a puerta cerrada).
El practicante asustado, temeroso, débil de espíritu, quizás pida salir más o menos inmediatamente, más o menos compulsivamente. Y si bien tiene derecho a hacerlo, debe hacérsele resistir siempre un poco más. Demorándolo con unas palabras una canciòn, una breve meditaciòn. Y sobre todo, no permitir –puede ocurrir- la reacciòn compulsiva de salir pese a cualquier costo, lo que es directamente proporcional al grado de autoridad (no de autoritarismo) que el Guía haya sabido mostrar en la ocasiòn.
Finalmente, la determinación de la humedad ambiental y temperatura (ambos absolutamente relacionados, pues precisamente se eleva la temperatura del interior del inipi aumentando la humificación ambiental, con lo cual la “sensación térmica” es la que aumenta en términos absolutos) depende de la experiencia y observación del Guía; efectivamente, debe adaptarla a la cantidad de asistentes, estado anímico y físico de los mismos, expectativas, ansiedad en los presentes, etc. Siempre –siempre- debe llevarse la voluntad del participante un poco más allá de lo que él o ella mismos creían que podían resistir pero, claro, sin que significa hacerle pasar una ordalía sádica. ¿Cómo saber que se está en el punto justo?. Mi técnica sugerida: llevarlos a las primeras quejas fuertes, a los primeros gritos, a la primera vez que griten “¡Me quemo!” y allí –salvo que estemos en un Guerrero o Místico, claro- permitir que la homeostasis se produzca naturalmente, sin volver a “aventar” el vapor. Porque no se tratará de echar infusión indiscriminadamente sobre las piedras; si bien ciertamente esto elevará la temperatura, caerá igual de rápidamente. El calor constante se obtiene venteando, es decir, agitando en forma violentamente circular el vapor con algún ramaje como el que se aconsejará o, simplemente, una toalla.

Aclarados estos puntos, pasemos a la descripción de los tipos de temazcal:

Terapéutico: Duraciòn completa de la experiencia: dos horas aproximadamente, con un paréntesis de diez minutos. Dos “puertas”. Temperatura real objetiva: aproximadamente 60º. Sensaciòn Térmica: 75/80º. Cantidad de piedras empleadas (aprox.): 13 la primera “puerta”, otras 16 o 17 la segunda. Objetivo: actuar terapéuticamente en lo físico, poner de manifiesto y trabajar los miedos en lo emocional.

Canciones: a elecciòn.

Objeto de meditaciòn: pueden ser tres:
-Por Etapas de Vida: el Guía llevará a los practicantes a enfocar su mente en etapas de sus propias vidas, de 13 en 13 años. Desde el nacimiento a los 13, de los 13 a los 26, de los 26 a los 39, de los 39 a los 52. Allí finalizará la primera “puerta”, y luego recomenzará: de 52 a 65, de 65 a 78, de 78 a 91, de 91 a Así se completarán dos ciclos de 52 años, número sagrado en la Toltecayotl.

-De “Cuecueyos”. Los “cuecueyos” son los -centros energéticos del cuerpo humano según la Toltequidad.
-De Reflexiòn: en este conviene que los asistentes ya se conozcan previamente entre sí y que para ninguno sea su primer temascal –esta última condiciòn es modificable- Simplemente cada uno se enfocará en su trabajo interior, o se tratarán cuestiones que competan al grupo como un todo (bajo el precepto de “lo que se dice en el temascal queda en el temascal”). Muy recomendable para grupos familiares. El Guía reflexionará y hará su aporte constructivo sobre cada situación planteada.

Guerrero: Duraciòn de la experiencia: dos horas. Los paréntesis de descanso se cumplirán en el interior del inipi. Cuatro “puertas”, entrando exactamente 13 piedras en cada una. Temperatura real objetiva: 70º. Sensaciòn Térmica: 85/90º. Objetivo: alimentar las “semillas cósmicas” (ya las veremos) y desarrollar el Guerrero Interior.

Canciones: a elecciòn.

Objeto de meditaciòn: en cada puerta se trabajará sobre cada “rumbo” asociándolo a determinadas naturalezas de nuestro ser, a saber:
Este – Quetzalcoatl. La Inteligencia, el raciocinio.
Oeste – Tezcatlipoca – El inconsciente, la Intuiciòn
Sur – Huitzilopochtli – la Voluntad
Norte – Xipec Totec – la Acciòn Creativa

Místico: Duraciòn de la experiencia: cuatro a cinco horas. Los paréntesis de descanso se cumplirán en el interior. Ocho “puertas”, entrando exactamente 13 piedras en cada una (aquí debe cuidarse el tamaño de las mismas, ya que el exceso de temperatura, dadas estas condiciones, implica riesgo para la vida). Temperatura real objetiva: 90º. Sensaciòn Térmica: 100º. Objetivo: activar las capacidades “chamánicas” del practicante. Puede emplearse enteógenos, pero si bien su uso es frecuente (nosotros mismos hemos realizado en México temascales místicos con la ayuda del ¡peyote”) la Toltequidad enseña, irónicamente, que cualquiera supera un Temazcal Místico con alucinógenos: el mérito es hacerlo sólo a fuerza de Voluntad.

¿Quiénes pueden hacer estos temascales?. Cualquiera puede hacer un terapéutico (“cualquiera” excluye a pacientes cardiológicos agudos y graves o marcapasos. Con “stent” se sugiere exposiciones repetidas breves, de diez minutos. Personas con enfermedades dérmicas infectocontagiosas (el calor y la humedad provocaría el contagio. Asimismo ocurre quienes tengan otro tipo de cuadro virósico, por ejemplo, gripe: por un lado, el temascal le ayudará y posiblemente curará, en tanto y en cuanto expulsará, por la piel o la mucosa, casi toda la carga viral. Pero esa misma humedad ambiental puede transformarse en un adecuado “caldo de cultivo” para los demás. Excepto, claro, que se haga el temascal en forma individual). Embarazadas con menos de tres meses de gestaciòn (provocaría el aborto espontàneo. De hecho, en Norteamérica algunas comunidades practican el aborto, para escapar de las sanciones legales, mediante “temascales” muy fuertes. Adviértase que en las fases finales del embarazo el temascal no solo no es desaconsejable, sino por el contrario muy conveniente. Ayuda tanto a la dilatación vaginal y la lasitud muscular de las zonas bajas de la mujer que es frecuente que las parturientas acudan al temascal horas antes de dar a luz). Y enfermos esquizofrénicos.). El Guerrero debe hacerlo quien desee pero teniendo, mínimamente, un Terapéutico hecho. Y en cuanto al Mistico, debe ser el Guía, o Tekutli de kalpulli, quien decida unilateralmente quién es a su criterio (y bajo su responsabilidad) la persona que esté preparada para hacerlo.

También debemos considerar estos tipos:

Lunar: Con la misma naturaleza de cualquier Terapéutico, se lleva a cabo durante la Luna Llena. Su característica distintiva es que sólo participan mujeres (honrándose y celebrándose su energía) y, de hecho, debe ser dirigido por mujeres. Los hombres sólo pueden colaborar y acompañar desde el exterior.

Solar: Sólo participan hombres, y se lleva a cabo al mediodía, con el Sol en el cenit. Su segunda característica distintiva es que es de cuatro puertas pero es un temascal “seco”; esto es, tres puertas con ingreso de “abuelitas” sin echar líquido sobre las mismas y, en la última puerta, todo el líquido que se hubiere vertido normalmente, se emplea ahí.

Personalizado: Como su nombre lo indica, se brinda a una persona, como máximo dos, en concreto y por situaciones especiales. Generalmente su razón de ser es servir de marco para la exteriorización chamánica del guía y el abordaje de la problemática concreta de quien lo solicita.




Fuente: Movimiento Chamánico, de cuya Asociación es Amerasia Natura Ancestral colaboradora en la Península Ibérica para la difusión de la Toltecayotl (Conocimiento Tolteca)


No hay comentarios:

Publicar un comentario